lunes, marzo 19, 2007

CANCER INFANTIL ¿DEBO DECIRSELO?

¿Debo decírselo?

La cuestión de contarle o no al niño que tiene cáncer ha sido muy debatida por los especialistas. Muchos recomiendan ser honestos con él para evitar malentendidos y que la sensación de secretismo magnifique sus temores. Su hijo le preguntará las causas de tanta visita al hospital, de su malestar e incluso captará su preocupación y su miedo. Lo cierto es que los niños más informados sienten menos estrés y cooperan más a la hora de recibir las terapias.

Los padres son quienes mejor pueden decidir cuál es el mejor momento para hablar con su hijo, generalmente al poco tiempo de conocer el diagnóstico, pero también qué grado de información quieren transmitirle, cómo hacerlo, acompañado de quién...
Las reacciones del niño son muy diversas y dependen en gran medida de su edad y del grado de desarrollo emocional e intelectual; pero todos comparten la misma preocupación: el dolor, la duración de la enfermedad y la separación de sus padres.

Para los menores de seis años es difícil captar el significado exacto de su diagnóstico por lo que los padres deben centrarse en asegurarles que no han hecho nada malo y que no se trata de un castigo. Sus mayores preocupaciones en este momento radican en la separación de sus padres o el dolor producido por inyecciones, pruebas etc. Distraiga al niño con juguetes y objetos de colores, trate de crear un buen ambiente en la habitación del hospital, con algunos elementos de su propia habitación, no deje de jugar con él y premie su buen comportamiento a la hora de hacerse las pruebas o recibir el tratamiento.

De los siete a los 12 años los niños empiezan a comprender que su curación puede estar relacionada con las medicinas que le dan en el hospital y que debe obedecer al médico. Es probable que sean cada vez más conscientes de las implicaciones de su enfermedad, como la pérdida del cabello. No es extraño que disminuya el rendimiento escolar y se muestren más nerviosos. Trate de divertirse con él, consulte con el equipo médico si puede hacer algo de ejercicio, juegue con él, responda honestamente a todas sus preguntas, no renuncie al sentido del humor, facilítele el contacto con sus hermanos, amigos y compañeros de clase si se lo pide.

A medida que los niños crecen (mayores de 13 años) la preocupación se vuelca cada vez más hacia las relaciones con sus amigos, y los adolescentes centrarán su atención sobre los aspectos de la enfermedad que les incapacitan para llevar una vida normal, como el resto de chicos de su edad. El estigma de sentirse diferentes puede llegar a ser muy doloroso en esta etapa de la vida y volver al colegio se convierte en un escenario de gran ansiedad. Deje que su hijo participe en las discusiones sobre su enfermedad, anímele a que pregunte todo aquello que le preocupa y respete su espacio de intimidad, incluso para que hable a solas con el médico. Use el humor para combatir su frustración.

Otro ámbito diferente es el de la escuela y, en ese caso, es importante la comunicación entre padres y profesores para valorar la posibilidad de informar a los compañeros. Con el consentimiento paterno puede informarse al resto de niños de la enfermedad de su compañero y aprovechar la situación para desmitificar la enfermedad y aclarar algunos conceptos erróneos que puedan tener. A la hora de su regreso sería una buena idea informarles de las consecuencias que pueden haber tenido los tratamientos. En el caso de los más pequeños las historias y juegos pueden servir muy bien para este propósito.

Tomado del Mundo.es

1 comentario:

Anónimo dijo...

Tener un hijo en esta situación es muy dificil , sobre todo porque uno no encuentra las palabras para explicar a un niño que tiene una enfermedad de la que puede morir , y que su vida cambiará drasticamente , que no jugará como siempre , que no puede ir al colegio ........quiero contactarme con ustedes , me parece que lo que hacen está muy bien y y van muy de acorde con el nombre de la fundación .