sábado, mayo 12, 2007

HOSPITALES QUE NO LO PARECEN

Hospitales que no lo parecen

Música, danza y psicólogo además de fármacos,
amigos y familia en la habitación por indicación médica, con
sultas vespertinas para no perder cole... El niño enfermo se cura antes y mejor si se reduce el estrés del ingreso

Una atmósfera luminosa recibe al visitante. Grandes ventanales, sillas de colores, dibujos infantiles en la pared y un silencio inusual... Nada, salvo quizá el uniforme azul del administrativo que saluda al entrar, nos recuerda que estamos en un centro sanitario y, en concreto, en una unidad de oncología pediátrica... No hay batas blancas, ni pijamas, ni la dura luz fluorescente habitual. Niños y adolescentes vestidos con ropa de calle juegan al futbolín o departen tranquilamente con oncólogos y familiares. Sólo la falta de pelo delata su enfermedad. Padres y madres transitan por los pasillos pausadamente y bromean con las enfermeras mientras sus hijos reciben quimioterapia. A pesar del sufrimiento, el ambiente transpira serenidad. ¿El secreto? «Adaptar el hospital al niño y no al revés», afirma Blanca López-Ibor, jefa de este peculiar servicio de Oncología, recién inaugurado en el Hospital Montepríncipe de Madrid.
Empar Lurbe, jefa del Servicio de Pediatría del Hospital General Universitario de Valencia, tampoco viste bata blanca, sino un uniforme azul y morado. La mesa de su consulta tiene ruedas «para poder apartarla y sentarme al lado de los pacientes, eso genera confianza». Este centro inauguró el pasado mes de febrero un nuevo recinto para sus usuarios más jóvenes que con sus colores y detalles podría pasar perfectamente por una guardería.
Ese es el propósito, que el niño apenas note que sale de su ambiente habitual. Se trata de crear espacios agradables que no supongan un estrés adicional y de mantener al máximo su vida normal.

CAMBIOS

Esta idea les ha llevado a abrir las consultas en horario de tarde para que los menores no pierdan clases: «no pueden sufrir una merma en sus posibilidades de desarrollarse en el colegio por el hecho de estar enfermos». Así, además, sus padres tienen la posibilidad de acompañarles. «Ahora se les da a elegir qué hora les conviene más», explica.

Pero, además, numerosas investigaciones han demostrado que cuidar no sólo el cuerpo, sino también el 'alma' del paciente tiene resultados tangibles. Cuando a los cuidados quirúrgicos y farmacológicos se añaden otros dirigidos a proporcionar 'confort' psíquico la estancia hospitalaria se acorta y se consume menos medicación.

«El objetivo es que el niño hospitalizado tenga el menor impacto negativo posible a causa de esta experiencia. Para nosotros no es un tema menor», afirma Manuel del Castillo, gerente del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, el mayor centro sanitario pediátrico de España, que ha puesto en marcha un ambicioso programa con el que pretende «liderar» el movimiento de humanización hospitalaria.

La familia es el eje sobre el que este hospital va a hacer girar su programa de humanización, que se ha bautizado con el nombre de AMIC (amigo en catalán). El objetivo es incorporar a los padres en el proceso de atención, que sean unos miembros más de la plantilla sanitaria. Para ello se adaptaran las estructuras y las normas internas.

CON LOS PAPÁS

«El 'salga, por favor' está prácticamente erradicado. Pueden acompañar al niño a los análisis y pruebas diagnósticas. Habrá más espacios para que puedan convivir, airearse...», explica María José Planas, directora de Planificación y Calidad del centro y coordinadora del AMIC.

Las asociaciones de padres de niños enfermos cuentan desde enero con un espacio propio en el centro que ha puesto a uno de los trabajadores a su disposición. «Nos dicen que nos hemos vuelto locos, pero todo se apoya en un modelo en el que el niño tiene que estar con sus padres».

Entre los 10 nuevos mandamientos figura procurar la continuidad escolar y los equipamientos necesarios para que el menor pueda jugar. «Familia, juego y escuela son el trípode en el que se apoya el niño y que no se debe perder durante la estancia hospitalaria», asegura la directora de Calidad.

Planas subraya que antes tenían que «arrancarlos literalmente de los brazos de sus familias». Ahora cuatro parejas de payasos especialmente formados para la tarea recogen cada día a los pequeños que se van a someter a cirugía y les entretienen dentro del quirófano hasta que la anestesia les duerme. Al despertar, vuelven a encontrarlos. Si el procedimiento sólo requiere anestesia local, los payasos se visten de verde y asisten a la operación.

A caballo entre la pedagogía, la enfermería y la psicología, Nuria recorre las habitaciones del Sant Joan de Déu para detectar a los pequeños con síntomas de pánico o fobia a la estancia hospitalaria, a las agujas, a la bata blanca... Su objetivo es canalizar su ansiedad a través del juego y para ello cuenta con la ayuda de unos muñecos de trapo de color blanco y unos rotuladores. «Se les puede poner vendas, intubarlos y pintarlos para explicar con dibujos qué es exactamente lo que le van a hacer al niño. También ellos, a través de lo que dibujan, expresan sus temores», relata.

¿Cura el arte el alma? Numerosas investigaciones han puesto de manifiesto la influencia beneficiosa de actividades como la música, la pintura o la danza sobre el estado de salud de los afectados por patologías mentales, cardiovasculares y oncológicas, en las que la psique tiene mucho que ver en la capacidad de afrontamiento y recuperación.

Músicos y voluntarios adiestrados en algunas de estas disciplinas se están integrando en los equipos médicos. Es el caso de los instrumentistas de la asociación de musicoterapia Ressò (eco en catalán), que diariamente amenizan las habitaciones del Sant Joan de Déu, tocan la guitarra o la flauta a los neonatos mientras sus padres les acompañan con sonajeros, o desgranan piezas de rap y percusión a los adolescentes con trastornos de salud mental.

ARTE CURATIVO

Las partituras relajantes son también una terapia común en el Hospital Montepríncipe, donde los pacientes oncológicos experimentan con la creación de sus propios instrumentos. En este centro, la musicoterapeuta es un miembro estable de la plantilla. «Hemos percibido que da resultados: los niños toleran mejor los tratamientos, cambia su actitud y la de sus padres frente a la enfermedad y pierden el miedo», defiende Blanca López-Ibor.

Así, la puesta en marcha de estas actividades suele depender de la colaboración altruista de voluntarios y de las aportaciones de empresas ajenas al mundo sanitario. Los exigüos presupuestos hospitalarios ya tienen suficiente con cubrir los estratosféricos precios de las nuevas tecnologías y fármacos. Por eso, los gerentes que apuestan por la humanización han salido a la calle a recaudar fondos. «Es necesario buscar una vinculación social mayor. Si las empresas dan dinero para construir un hospital en Mozambique, ¿por qué no para mejorar las cosas aquí?», cuestiona Sergio Blasco, gerente del Hospital General de Valencia, que ha remozado su área pediátrica con aportaciones de este tipo.

Espacios redecorados para reducir la ansiedad

Distraer para contrarrestar la tensión que se genera en las salas de espera y relajar los estados de ánimo. Este es el fin de las reformas arquitectónicas emprendidas en los centros pediátricos españoles que apuestan por la forma humanizada de asistencia médica. «No se trata de añadir maquillaje, ni crear parques temáticos, sino de que al entrar al niño se le estimulen los sentidos. Para ello construimos espacios de manifestación artística en los que a través de la luz, los colores, las formas y la simbología se supere la barrera psicológica que representa la visita al médico», explica Rosa Clotet, del despacho Llongueras-Clotet Arquitectos de Barcelona, responsables de parte de la remodelación formal iniciada en el Sant Joan de Déu.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ojala algún día, no muy lejano contemos en nuestro país, con hospitales así....Soñar no cuesta nada...

Ali