jueves, junio 28, 2007

CUANDO EL MÉDICO ES EL PACIENTE


TESTIMONIO
Cuando el médico es el paciente

ALBERT JOVELL*


Barcelona.- Nací un 22 de junio. A esa fecha le corresponde el signo del horóscopo cáncer. Ignoro el porqué pero cáncer también es el nombre de una enfermedad. Los médicos rara vez hablamos de cáncer, nos gusta más llamarlo de otras maneras: linfoma, carcinoma, neoplasia, tumor, sarcoma, u otros. Es como si fueran muchas enfermedades en lugar de una que, por cierto, se llama cáncer. Socialmente también cuesta llamarla así: es la larga y penosa enfermedad.

Esa 'C' a la que todos temen y nadie se atreve a nombrar. En realidad, el cáncer no es ni una ni varias enfermedades. El cáncer son tres enfermedades en una. A saber: la enfermedad orgánica, la emocional y la social. La orgánica es la que más interesa a la medicina. Es la que permite hacer clasificaciones y nomenclaturas. Es el juego de imágenes y pócimas. Tratándola los médicos nos sentimos más cómodos. La emocional es la que altera el carácter. Aunque algunas personas creen tratarla muy bien con prescripciones muy simples, del estilo de: "anímate" o "no te autocompadezcas". La enfermedad social se llama soledad. Se acompaña de silencios significativos como síntomas.

Mientras que de la enfermedad orgánica existe mucha ciencia, se escriben hasta tratados y se estudia en las facultades, de las otras dos existe mucha ignorancia. No se enseñan ni en las facultades de Medicina. Son enfermedades muy sutiles, tanto que por no quererse ver ni aparecen el día de los controles. Quizás sea porque el cáncer no existe. Lo que existen son los enfermos de cáncer, pero eso, a veces, incomoda. ¡Con lo difícil que resulta tratar esa enfermedad, como vamos a tratar a los enfermos!

El cáncer es algo que se estudia en la carrera de Medicina. Lo repartimos entre asignaturas. También lo vemos en algunos pacientes durante las prácticas. Tan distante se percibe que uno creía que el cáncer era a la bata blanca lo que la persona al espejo: una imagen que se refleja pero nunca se queda. Se ve, se trata, pero no se tiene.

A veces, solo algunas veces, el cáncer se contempla en la bata blanca y cual Narciso el bello va y se queda. Eso me pasó a mí. A partir de ese momento nada vuelve a ser igual que antes. Hay quién dice que he de dar gracias a Dios porqué quizás "me lo han cogido a tiempo" o porque a los 40 años "vivo tiempo prestado". A veces me asombro al contemplar cuánto saben los demás de lo que a mi me está pasando. Y yo sin enterarme.

Pensamientos e intenciones sin acciones. Las metáforas de Susan Sontag reaparecen. Por cierto, ¿quién era Damocles y para que quería una espada? Ni lo sé, ni me importa.

Hay vida después del cáncer y, a veces, sólo algunas veces, mucha vida. Resulta que descubres como lo cotidiano, abrazar a tu mujer o a tus hijos, se convierte en algo gozoso. 'Born to run', diría Bruce Springsteen. Más de 40.000 correos electrónicos recibidos y 15.000 de ellos contestados, múltiples lecturas y escritos, proyectos de diferentes formas, y clases y conferencias en toda Europa junto a una vida familiar llena de colores y matices atestiguan que es posible vivir una vida plena y con sentido colocando a Damocles y su espada, de momento, en otras guerras.

Aprender a convivir con el cáncer es un buen tratamiento. La pena, es que la medicina y la ciencia tan entretenidos en lo orgánico pierdan esos matices que marcan la diferencia. ¡Quizás eso se tendría que enseñar a los médicos!


Albert J. Jovell es Licenciado en Medicina y Cirugía así como en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad de Barcelona. Ha sido responsable de Formación e Investigación de la Agència d´Avaluació de Tecnologia Mèdica (AATM) del Servicio Catalán de la Salud y actualmente es Director General de la Fundació Biblioteca Josep Laporte.

3 comentarios:

CAMILO JÁCOME dijo...

Que distinta seria la vida , si por un día los medicos se pusieran en nuestros zapatos ....
A este medico le tocó vivir nuestro drama , pero de no ser asi , habria reaccionado igual?

Enrique Pulgarín dijo...

Camilo lo que tú dices es verdad, si por un día se pusieran en nuestros zapatos, no nos tratarían tan fríamente y nos dirían que tenemos una enfermedad mortal como si fuese una gripe.
A mi esposa le han dicho que tiene cáncer sin contemplaciones, ni siquiera nos prepararon para decirnos el diagnóstico.
Algunos médicos deben recordar que ellos también son humanos y que también un día ellos pueden ser el paciente, y que así como quisieran ser tratados lo queremos todos.

Anónimo dijo...

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