martes, julio 10, 2007

CONOCER LAS SECUELAS DEL CANCER INFANTIL PARA PREVENIRLAS


CONOCER LAS SECUELAS DEL CÁNCER INFANTIL PARA SABER PREVENIRLAS

Un nuevo trabajo holandés ha puesto datos a un fenómeno cada vez mejor conocido: las secuelas a las que tienen que hacer frente quienes sobreviven a un cáncer en su infancia. Después de evaluar durante una media de 17 años a más de 1.300 de estos supervivientes, investigadores del Hospital Infantil Emma de Amsterdam aseguran que hasta el 74,5% de los participantes tuvo un problema serio de salud después de su diagnóstico.

"No me gusta la palabra superviviente", parece responderles Juan Narro, un pamplonés de 32 años que fue tratado de un linfoma no Hodgkin cuando tenía algo más de 10 años. "La cabeza es muy buena para eso, y yo no soy más que una persona que pasó por un proceso... Creo que fue peor perder dos años de colegio que la propia enfermedad".

Corría el año 1985 y Juan pasó dos años luchando contra el cáncer, tratado únicamente con quimioterapia. Tal vez por eso, no ha sufrido tantas secuelas a largo plazo como otros 'colegas de generación'. "Al menos a día de hoy, sólo me han quedado problemas de infertilidad", dice con buen humor a través del teléfono.

Los pacientes del estudio habían sido tratados en ese mismo hospital de Amsterdam entre los años 1966 y 1996. Todos ellos tenían menos de 15 años en el momento del diagnóstico y a pesar del tiempo transcurrido, los especialistas lograron contactar con ellos para que acudiesen a una revisión médica para valorar su estado de salud. Sólo se perdió contacto con el 1,5% de la muestra a lo largo de 17 años de seguimiento.

Según explican esta semana en el trabajo que adelanta la revista 'The Journal of the American Medical Association'(JAMA), la valoración médica mostró que hasta el 25% de estos pacientes tuvo cinco o más problemas de salud y casi un 40% una enfermedad que puso en riesgo su vida o bien una minusvalía incapacitante. El 3,2% murió a causa de una reacción adversa.


Radioterapia y tumores óseos

Cuando se valoraron los principales factores de riesgo que empeoraban la calidad de vida tras el cáncer, la radioterapia resultó ser la terapia más agresiva a largo plazo. De hecho, el 55% de los niños radiados tuvo dos o más patologías graves, frente al 15% de quienes recibieron quimioterapia y el 25% de los tratados con cirugía. Los tumores más perjudiciales a largo plazo fueron aquellos localizados en los huesos (64% de secuelas), seguidos de leucemias (12%) y un tumor renal denominado de Wilms (también 12%).

Estos datos, según coinciden los autores del trabajo (dirigidos por Huib Caron) y un editorial publicado en la misma revista, deberían subrayar la necesidad de vigilar a esta población cuando entra en sus primeros años de vida adulta y abandona la consulta del oncólogo.

"Yo estuve yendo al oncólogo pediatra hasta los 22 años", recuerda Juan, "y aunque es verdad que mis padres se alarmaban más fácilmente al principio, he sido afortunado y he podido llevar una vida bastante normal". Y con pocos problemas de salud; algún esguince, una operación de apendicitis a los 18 años...

"La mayoría de médicos de atención primaria, cirujanos, ginecólogos, cardiólogos... no están familiarizados con los riesgos de salud a los que se enfrenta esta heterogénea población. Por lo que es posible que no vigilen los efectos secundarios a largo plazo que pueden sufrir y que podrían ser modificados gracias a un diagnóstico y tratamiento precoz", advierten en este sentido Kevin Oeffinger y Leslie Robinson, del Memorial Sloan-Kettering Cancer Center de Nueva York (EEUU) en el editorial que acompaña a la investigación.

A Juan, que presidió durante dos años la Asociación de ayuda a niños con cáncer de Navarra (Adano), esa cuestión tampoco le preocupa demasiado. "Yo sé contar lo que me ha pasado a mi manera, pero sé que la historia clínica está por ahí escrita". Sin embargo, de su experiencia en la asociación reconoce en los padres ese miedo a despedirse del oncólogo definitivamente, por la dependencia que se crea durante la enfermedad de los niños. "Los niños pasan página antes", concluye.

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