martes, octubre 30, 2007

AMPARO LA VALIENTE PELÁEZ HABLA POR PRIMERA VEZ DE SU CÁNCER.


Amparo 'La Valiente' Peláez habla por primera vez de su cáncer

La vida cambia a cada minuto y de qué manera. La de Amparo ahora le sonríe, a diferencia de hace cuatro años y medio. Serena, sentada en un sofá de su apartamento, mira a través de una ventana que da a la calle y recuerda, en medio de su habitual desparpajo y agudo sentido del humor, el día que le dijeron que tenía cáncer de seno. Su reacción, casi instintiva, fue pensar en lanzarse precisamente por una ventana, la del consultorio donde se encontraba.
"No señora, siéntese ahí, que le voy a servir un whisky", recuerda Amparo que le dijo el oncólogo Rafael Gutiérrez cuando percibió que ella, abatida por la confirmación de lo que ya temían, no perdía de vista la ventana.
Sus defensas se habían bajado a tal punto y tenía el ánimo y su autoestima en ceros, que con el medio vaso de whisky la periodista caleña quedó borracha, y no se podía parar de la silla. Amparo lloraba desconsolada y cuenta que su médico, uno de los oncólogos más importantes del país y que durante 20 años dirigió el Hospital Cancerológico de Colombia, le sobaba la cabeza mientras le insistía que de esa angustiante situación ella sí iba a salir.
"Así, borracha, me fui a la iglesia del Divino Niño, en el barrio 20 de Julio, donde escucho misa todos los sábados, y le dije a Él: 'estoy en tus manos, haz lo que quieras conmigo. Tú decides'".
Ese día, allí también llena de incertidumbre y dolor, no paraba de llorar; solo dejó de hacerlo hasta que sintió que no tenía más lágrimas. Antes de que le confirmaran si tenía cáncer de seno, Amparo ya le había adelantado a Mónica, su hija, que creía estar en problemas.
Confirmada entonces su sospecha, ella, la mujer decidida y de carácter fuerte, fue incapaz de comunicarle el diagnóstico.
Un médico amigo la relevó en tan complicada labor y le dio la noticia a ella, que esperaba del otro lado del teléfono.
Eso, recibir tremendo bombazo pero tan separadas geográficamente una de la otra, y asumir en esas circunstancias que su mamá, como cualquier otro ser humano, no está vacunada contra la muerte, ha sido lo más duro para Mónica.
"Por primera vez en la vida me di cuenta de que ella también es frágil, vulnerable, y no esa especie de Mujer Maravilla, la imagen con la que crecí y mantuve por mucho tiempo", explica esta joven sicoterapeuta que vive hace 13 años fuera del país, en calidad de asilada política, por las amenazas de muerte que ella y la misma Amparo recibieron de la mafia colombiana, cuando la comunicadora cubría orden público.
Hecha la catarsis, asumió su enfermedad como una prueba divina. El tumor en su seno izquierdo, conocido como phyllodes de alto grado, resultaba complicado de tratar porque era resistente a la quimioterapia y la radioterapia.
"Por eso la única salida fue cortarlo y echarse la bendición", dice Amparo, que no ha parado un minuto de trabajar, y, ahora −como parte de las bendiciones que le ha dado esta agresiva enfermedad−, volvió a lo suyo, el periodismo de análisis económico y político y presenta el programa Despierta Bogotá, del Canal Capital.
Durante el tratamiento se dio cuenta de que el cáncer tiene su lado positivo. Se percató de sus distintos tipos de amigos, los de la rumba, los trashumantes y los que, literalmente, son el hombro sobre el cual llorar.
Y estos últimos, justamente, le ayudaron a que su enfermedad fuese más grata. Por eso se le dibuja una sonrisa pícara cuando recuerda los gestos de ternura, muy a su manera, del temperamental Antonio José Caballero.
Él, en una de esas visitas 'energizantes' que se les hacen a los amigos del alma, le llevó un detalle y le dijo: "Yo no sé qué se les regala a las viejas que tienen cáncer en las tetas, pero te traje estas frutas y quesos". Y se los lanzó a la cama.
"Ese es Caballero, y para mí fue el acto más divino", cuenta entre carcajadas. Tampoco olvida las atenciones de 'La Negra' Grande de Colombia y de Helenita Vargas, y la entrega devota de su entrañable amiga y colega Amparo Pérez, quien la ha acompañado todo el tiempo, incluso en esa primera cirugía a la que ingresó a la clínica del Country llena de pánico. Su tocaya la escoltó, sin perderla de vista un minuto, hasta la puerta de la sala del quirófano, desde donde siguió todo el procedimiento.
Y Amparo insiste: "Le doy gracias a Dios porque me diagnosticaron cáncer". Un comentario que suena a locura, pero que tiene mucho de sensato. ¿Por qué? Por las enseñanzas que le ha reportado.
"Me cambió mi actitud frente a la vida, mis costumbres y la forma de ver el mundo. Uno es demasiado irresponsable consigo mismo, no se alimenta bien y si lo hace es a las carreras y con porquerías; no duerme el tiempo que debe y comete muchas estupideces más con las que maltrata su cuerpo", explica.
Aprendió además a no lanzar juicios de valor apresurados y a que uno es esclavo de sus propias palabras. "Hoy día hago mi propia catarsis y lo pienso dos veces antes de juzgar a otro; pero también me volví más severa en mis análisis, tengo claro quién me quiere con sinceridad". En mayo del año pasado recayó y afrontó con entereza otra cirugía, de las seis que ya lleva. Le detectaron otro tumor, de siete centímetros y con ramificaciones. Con el agravante de que a ella, que se había sometido a una reconstrucción del seno con músculo de la espalda, la herida de la piel de ambas partes empezó a infectarse.
Otro duro golpe a su intimidad.En otra intervención, en Cali, le retiraron esa piel necrosada. Y hace cuatro meses volvió a cirugía para quitarse unas bolas de grasa, también necrosadas, que aparecieron en la espalda y el seno. Y ahí sigue en la lucha la valiente Amparo, la que se declara más feliz que 'mico en costurero' porque a pesar de sentirse viviendo horas extras, está haciendo todo lo que le gusta: cocinar, rumbear, hacer periodismo, respirar con más serenidad, estar cerca de sus amigos y amar con intensidad a su hija.
Por eso, aun cuando sabe que la enfermedad no es un chiste, dice con humor que no sabe si vaya a librarse de esta, pero espera y aspira a no morirse "de cáncer, sino de un susto. Lo único que me queda es dejarme en las manos de Dios".
Por Flor Nadyne Millán M

1 comentario:

gilma cataño dijo...

Amparo.yo te conocí no se si en el liceo Dptal y atendí a tu mamá en el hospital SJDD de Cali.Yo era la enfermera jefe de ese piso y ahi te traté.Me caíste bien.Hoy que me entero quiero decirte que te deseo lo mejor y oraré por tu salud.Mucho ánimo y continúa optimista.